viernes, septiembre 02, 2016

Mar de Lima

Más allá de la ciudad, la sima clara y tierna del mar. Al mar se le ve desde arriba, con peligro de caer por la pendiente. Los acantilados tienen arrugas y tersuras impolutas, y livideces y manchas amarillas de frente geológica, académica. Ahí están, en miniatura, las cuatro épocas del mundo, las cuatro dimensiones de las cosas, los cuatro puntos cardinales, todo, todo. Un viejo... Dos viejos... Tres viejos... Tres pierolistas.

Martín Adán, La casa de cartón

sábado, agosto 27, 2016

Así será

El joven indio comparece
ante el ceñudo Capataz,
- "Tu padre ha muerto; y como sabes,
en contra tuya y en pie están deudas, que tú con tu trabajo
tal vez no llegues a pagar...
Desde mañana como es justo, rebajaremos tu jornal-".
El joven indio abre los ojos
llenos de trágica humedad;
y, con un gesto displiscente que no se puede penetrar
dice, ensayando una sonrisa:
- Así será...

Clarín de guerra pide sangre,
Truena la voz del Capitán:
- ¡indio a las filas! Blande tu arma hasta morir y hasta triunfar.
Tras la batalla, si es que mueres,
nadie de ti se acordará;
pero si, en cambio, el triunfo alcanzas te haré en mis tierras trabajar,,,
No me preguntes por qué luchas,
ni me preguntes dónde vas,-
Dócil el indio entre las filas como un autómata marcial:
- Así será...

Mujer del indio en ti los ojos un día pone blanco audaz,
charco de sangre... Hombre por tierra...
Junto al cadáver un puñal...
Y luego el juez increpa al indio,
que se sonríe sin temblar:
- "Quien como tú con hierro mata, con hierro muera. ¡Morirás!
Pone un relámpago en sus ojos turbios el indio;
y, con la faz vuelta a los cielos dice apenas:
- Así será...

¡Oh raza firme como un árbol que no se agobia al huracán,
que no se queja bajo el hacha y que se impone al pedregal!
Raza que sufre tormento sin que se le oiga lamentar.
(¿Rompió en sollozos Atahualpa... Guatimozin,,, Caupolicán?)
El "Dios lo quiere" de los moros suena como este "Así será"...
¿Resignación? Antes orgullo de quien se siente valer más
que la fortuna caprichosa y que la humana crueldad...
Un filosófico desprecio hacia el dolor acaso da la herencia indígena a mi sangre,
pronta a fluir sin protestar;
y cada vez que la torpeza de la Fortuna huye a mi afán
y crueldades harto humanas niéganle el paso a mi Ideal.
Y hasta la Vida me asegura que nada tengo que esperar,
dueño yo siempre de mi mismo y superior al bien y al mal,
digo, encogiéndome de hombros:
- Así será...

Alma india, José Santos Chocano

viernes, agosto 26, 2016

Negros literarios

Brillan con toda la intensidad que puede brillar el negro sobre fondo negro. Son los primeros en editar mentalmente lo que escribieron. Reniegan de los cambios que nunca habrían hecho. Leen detenidamente todas las reseñas y críticas de los libros que han escrito. Sufren, en cada entrevista que ven por tele, con el olvido de los falsos autores. Saben más que nadie lo que cuesta escribir una buena línea, pero nunca cobran su precio real. 

Tiemblan cuando a fin de mes se dan cuenta que otra vez tendrán que pedirle dinero prestado a aquellos que aún confían en ese ingenio oxidado.

Son negros.

Son negros literarios.

lunes, agosto 08, 2016

A un suicida en una piscina

No  mueras más
Oye una sinfonía para banda
Volverás a amarte cuando escuches
Diez trombones
Con su añil claridad
Entre la noche
No mueras
Entreteje con su añil claridad
No mueras
Por lo que Dios más ame
Sal de las aguas
Sécate
Contémplate en el espejo
En el cual te ahogabas
Quédate en el tercer planeta
Tan solo conocido
Por tener unos seres bellísimos
Que emiten sonidos con el cuello
Esa unión entre el cuerpo
Y los ensueños
Y con máquinas ingenuas
Que se llevan a los labios
O acarician con las manos
Arte purísimo
Llamado Música
No mueras más
Con su añil claridad


Lima,  8 de agosto de 1971. Brian, sein und zeit.

Luchito Hernández, hace 45 años

jueves, julio 14, 2016

La rebelión de Abya Yala

No solo los hombres resistieron contra los europeos que llegaron a Abya Yala; toda la tierra, el agua y el aire se resintieron con la codicia insaciable de los recién llegados. Entre las más indignadas estuvieron las monas que convivían con los kuna en lo que hoy es Panamá. El Inca Garcilaso de la Vega conoció en Cusco a Francisco de Villacastín, un conquistador al que le faltaban los dos dientes “delanteros  altos”. Dichos dientes los habría perdido,  tras recibir una pedrada en la boca, mientras cruzaba la selva del Darién para abrir un camino hacia el océano Pacífico en la década de 1510. El cronista López de Gomara explicaba sobre esa zona: “Había infinitos leones, tigres, osos y onzas, a lo que cuentan, y tanta multitud de monas de diversa hechura y tamaño, que alegres cocaban, y enojadas gritaban de tal manera, que ensordecían los trabajadores. Subían piedras a los árboles y tiraban al que llegaba”.

La lucha contra los invasores se convirtió en tarea de ríos, cerros, árboles, animales e indios. Todos unidos defendiendo a Abya Yala, su opción a disfrutar del aire libre, vivir desnudos y nadar entre mares y lagos pescando a su antojo. La piedra que una valiente mona le tiró a Villacastín es solo una de las tantas escaramuzas de esa guerra que levantó a toda la naturaleza y aún se libra en las oscuras selvas de América.

Incluso hoy, cuando se llega a la caliente orilla atlántica de Panamá, en la desembocadura del Chagres, se puede escuchar el aullido de la rebelde jungla.

jueves, junio 23, 2016

Quebrada de la Waka


Las paredes de piedra que antes sostenían tierra fértil, hoy solo sostienen arena que se escapa entre muros derruidos; como si una pesadilla nuclear hubiera aniquilado este puerto otrora rodeado de cultivos y almacén de todas las especies marinas que compartía la cochamama. Es un paisaje post atómico en el que se vislumbran dos cauces de ríos secos que desembocan en el complejo bautizado por Max Uhle como Quebrada de la Vaca (Chala, Caravelí, Arequipa). El desierto ha cubierto las ruinas de la llaqta que, de lejos, parece un pez, parece una lagartija. Caminar cerca de los restos sirve para descubrir que bajo el suelo de tierra hay cientos de huecos de forma cilíndrica que, antes de ser trampas para intrusos, son depósitos forrados de piedra que contenían alimentos de los cuatro suyos.



En las peñas circundantes hay caídos edificios de piedra, hechos con la misma roca del lugar, y restos de andenería que hacen vislumbrar un pasado floreciente al nivel del mar. A la graciosa y tranquila playa de arena de Quebrada de la Waka llegaban pescadores de toda la zona trayendo peces, mariscos y otros seres que solo el inca podía comer. Es una hondonada rodeada por farallones que infunden temor por sus dimensiones, pero también respeto porque se puede vislumbrar todo lo que han observado. Son los pururaucas que, así como en Waqra Pukara, siguen recibiendo a todos aquellos que quieran continuar el camino del Qhapaq Ñan.